lunes, 12 de abril de 2004

la varieté by weekend

por fin el viernes fuimos a ver KillBill, que es como una bigmac, cine hamburguesa. A mi me gustan las hamburguesas. Aunque si ha tardado seis años en hacer esto... Factura impecable. Pero es una gran broma, un divertimento. La he visto con una sonrisa.

El sábado conseguí convencer a M. para que fuésemos a Santiago. Tenemos una cierta alergia a esta ciudad fuera del horario laborable. Pero hizo un día impresionante, y hasta nos pareció muy bonita. Nada que ver con la vuelta del lunes, claro. Fuimos a las viviendas de la Vaquería, a la vivienda del presidente y a los jardines del pazo de Vista Alegre.

Lo más parecido a la semanasanta que hemos hecho es ver Cleopatra. Cuatro horas de glamur en technicolor. Al comenzar la película lamentamos no tener una estampita de Terenci para ponerla al lado del televisor.

Tengo pendientes un montón de cosas y en estos días no he sido capaz de terminarlas. Pero estos días me han venido muy bien. Aún así el domingo me desperté a las ocho de la mañana pensando que me había quedado dormido y no había puesto el despertador. Tarde unos eternos segundos en darme cuenta que era domingo. Estaba convencido que era lunes. De hecho no he dormido bien, de un tirón, ningún día. Creo que es un poco de angustia.

Como terminé enseguida el Código Davinci (100% adictivo) he empezado La sombra del viento de Ruiz Lafón. Es agradable. A ver si este año cojo carrerilla, porque el saldo del año pasado fue un poco paupérrimo.

He oído muchísimo Ladybug Transistor. Han hecho un gran disco. Me ha dado cuenta que la edición del Soft Bulletin que me bajé hace tiempo no coincide con los créditos de la carátula. Ya me había pasado lo mismo con Yosimi. He decidido que a próxima vez que lo vea en una tienda me lo voy a comprar. También me voy a comprar el Absent friends, que es un gran gran disco y que también he oído mucho estos días. Ya está bien de tanto bajar.

Me he agobiado mucho hoy en la vuelta al trabajo. Y he salido tardísimo por un marrón heredado.


trasteando en el niño. viernes


tarde de sábado



lunes, 5 de abril de 2004

puente involuntario

Hoy me desperté a media noche con un dolor muy raro en el pecho. Intenté cambiar de postura, pero al final me tuve que levantar y bajé a beber agua. Al rato volví a meterme en la cama y me quedé dormido. Aunque me volví a despertar varias veces. M. me convenció para que fuese al centro de salud. Nunca había ido solo, de propia iniciativa. Las ventajas de tener un médico en la familia. Estaba preocupado por si era algo un poco serio. Después de sudar un poco y de una consulta muy rápida salgo con una gripe, una infección de garganta, un justificante de consulta para la empresa, dos recetas para doparme y tres días de descanso por delante. Con todo lo que hay que hacer. Menos mal que B. vuelve hoy de su convalecencia y me puede echar una mano si hay algún problema.

El sábado arbolamos el niño. Toda la mañana para colocarle las velas y hacer una pequeña salida a motor, porque para sacar las velas se hizo muy tarde. Llevé la caña un rato, bien. Aunque tampoco tiene misterio.

Por la tarde quedamos con L. G. y J. Llegamos tarde porque nos retrasamos como siempre. Fuimos a cenar y M. sufrió un cariñosa encerrona de G. y L. que le cantaron un poquitín las cuarenta, porque hay veces que pierde las formas. Aunque ser jefe no es plato de gusto.

El domingo ya no estaba bien y lo pasé vegetando todo el día en casa.

Hoy por la tarde ya hemos tenido un problemilla en la oficina. Seguro que se soluciona mañana sin problemas.

El doping me ha dejado hecho polvo el estómago. El antibiótico sabe a plátano y me repite como una indigestión.

No me lo puedo de creer. Tengo vacaciones por la vía indirecta. Pero verás como me pierdo KillBill.

viernes, 2 de abril de 2004

cosas bonitas

antes de que me pille el tren del fin de semana tengo que escribir algo.

El fin de semana pasado fue raro. Anímicamente, emocionalmente. El sábado por la tarde me llamó mi hermano mayor porque están haciendo limpieza en casapaterna para habilitar mi antigua habitación en un estudiete, por un trabajo que le ha salido. Ahí están mis apuntes de la carrera, mis cuadernos de proyectos-prácticas de estructuras y dibujo, los rollos de planos de cuando aún se delineaba todo a mano, el cartel de sanfermín que hice con J, mis cintas, mis libros y revistas de arquitectura (compradas y robadas) Y miles de cosas que han ido dejando el resto de la familia. Tiré un montón de cosas (a quien le importa las instalaciones, la legislación o las practicas del método de cross) He guardado mis cuadernos con miles de dibujos, que el otro día me enteré que son dibujos automáticos. Mis obsesiones. Recuerdo que cuando publiqué unas ilustraciones en una revista de estudiantes mi padre me preguntó si me pasaba algo, si tenía algún problema.

Hacía mucho tiempo que no veía lo que pinté al final de la carrera. Muchos son sonrojantes. Tan ingenuos. Pero hay un par de ellos de los que estoy especialmente contento.

Estos días he hecho muchas fotos por la carretera, aprovechando una cuantas visitas de obra. Supongo que ahora que estoy un poco más tranquilo, aunque no menos agobiado de trabajo, intento escaparme buscando ideas para dibujar. Llevo unos cuantos años dándole vueltas a retomar el tema. Almacenando en el archivo información, por si algún día tengo un pequeño espacio para ponerme a ello. Mi secreta aspiración. Intentar no rendirle cuentas a nadie.

Vimos La mala educación. Opiniones encontradas. Creo que los personajes están tan el límite que o la actuación está clavada o pierde mucha credibilidad. El cura y del ex-cura geniales. Pero Gael... no. Y Fele tampoco. De todos modos es un poco farragosa. Da la impresión de necesitar hacerlo complicado para hacerlo interesante. La comparación con la Ley no la resiste. La Ley sigue siendo la Ley. Pero seguramente en un segundo visionado gane puntos. Es lo que me ha pasado con casi todas desde Átame, salvo Kika, que esa no hay por donde cogerla. Ahora quiero ver KillBill.

Buen fin de semana, se desea.